
El Negro Oscar González Oro: “Yo no elegí a la radio, la radio me eligió a mí”
Murió Oscar González Oro y con él se va uno de los últimos símbolos de la radio que fue. Una voz de referencia de un medio centenario, que supo mutar para reinventarse y que tuvo en el Negro un continuador hasta el presente del linaje de los grandes locutores, cultor como pocos de eso tan difícil de explicar que es la magia de la radio. Y que a partir de hoy tiene un lugar reservado en el dial de la inmortalidad.
Oscar González Oro nació el 16 de octubre de 1951 en Mendoza hijo de Ricardo, director del banco de su ciudad, y de Tita, ama de casa. Pero, sobre todo, nieto de María Luisa, su abuela materna. Maestra de escuela, fue su gran orgullo de niño, y a partir de los 11 y la mudanza obligada a Buenos Aires, el ancla con su provincia natal. El “Chau negrito” con el que lo saludaban en su provincia resonaba en cada golpe de la nostalgia. Una primera voz de referencia, sin saber la importancia que iba a tener la voz en el tiempo.
La llegada a la capital no fue fácil. Atrás quedaba una ciudad llena de sol, de luz, de amigos, de niñez, de bicicleta y Cerro de la Gloria. Se encontró con Retiro, una estación impersonal y gris que lo recibió con una llovizna otoñal. “Estaba realmente enojado y estuve seis meses casi sin hablar con mi padre”, contaba siempre al respecto, como si el que hablara fuera aquel niño despojado de su cotidianeidad.
Su primer domicilio porteño fue 25 de Mayo y Tucumán, en un edificio antiguo en pleno microcentro. “Se la conocía como la calle de los piringundines, una especie de cabarets, las chicas me decían ‘Negrito ya vas a venir algún día’… Y algún día fui”, confesó con el tiempo y con picardía. Otro paseo menos comprometedor era ir a la Plaza de Mayo. “Me sentaba en las escaleras del Banco Nación y veía el cambio de guardia en la Casa Rosada. Pero lo que me fascinaba era la Retreta del Desierto: venían las cuatro bandas militares por las calles y se juntaban en la plaza a través de la música”. Diversiones de otra Buenos Aires y de otro mundo.

En su reciente paso por Radio Rivadavia
Con el tiempo adquirió el pasatiempo de recorrer la ciudad. Consiguió una Guía Filcar y con ella elegía su propia aventura. Un día era Villa Urquiza, otro rumbeaba para el Once, alguna vez se estiraba hasta Villa Devoto. Y así, entre viaje y viaje, los recuerdos del pasado confluyeron con su futuro, articulados con la magia propia de un guion radial. “Una vuelta, en una de esas caminatas, frené y me dije ‘algún día esta ciudad me va a decir Chau, negrito, como me conocían en Mendoza por ser el nieto de María Luisa”. Y vaya si lo logró.
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