
Escribe Axel Kicillof: "Soberanía, trabajo y desarrollo frente a la estafa electoral de Milei"
Durante la campaña, se nos presentó una opción electoral vestida de outsider, de alguien ajeno a las estructuras políticas tradicionales, que prometía resolver los problemas estructurales del país mediante pócimas mágicas y teorías extravagantes. Sin embargo, tras el velo de la propaganda y el marketing, la realidad se impone de manera insoslayable: vinieron los mismos de siempre a hacer lo mismo de siempre, y están obteniendo los mismos resultados catastróficos.
Como economista, escuché con profunda indignación las recetas desreguladoras y los anuncios altisonantes que auguraban la destrucción del Banco Central y la dolarización. Todo aquel montaje contó con la complicidad de sectores económicos concentrados y medios de comunicación que inflaron una figura mediática para convertirla en opción de gobierno. La primera gran sorpresa para la sociedad ocurrió al conocerse la conformación del gabinete nacional: los cargos clave del área económica y de seguridad fueron entregados a las mismas figuras que protagonizaron el estrepitoso fracaso del gobierno de Mauricio Macri. Lejos de un plan anarcocapitalista, el manejo financiero de la Nación terminó en manos de los funcionarios de la ortodoxia más rancia. Este programa no tiene nada de nuevo: es un refrito estricto del plan de Martínez de Hoz durante la dictadura militar, de la convertibilidad en los noventa y del endeudamiento macrista.
La destrucción del capital social y la falacia del ahorro
La narrativa oficial insiste en la necesidad de «destruir el Estado desde adentro», presentando la función pública como un obstáculo. Pero debemos ser sumamente precisos sobre qué representa el Estado en la Argentina. El Estado no es una entelequia abstracta; el Estado son nuestros docentes en las aulas, los médicos y enfermeros en los hospitales públicos, los investigadores en los laboratorios y los efectivos de las fuerzas de seguridad que cuidan a nuestros vecinos. Lo que este gobierno está atacando es el capital social básico del país: el sistema de salud, las escuelas públicas y la infraestructura.
Se nos quiere vender la parálisis de la obra pública y la desinversión como una meta fiscal deseable o una muestra de «ahorro». Nada más alejado de la realidad: dejar que una ruta se deteriore sin mantenimiento no es ahorrar; es un despilfarro mayúsculo que obligará en el futuro a desembolsar diez veces más recursos para reconstruirla.
Lo mismo ocurre con el desmantelamiento de nuestras instituciones científicas y universitarias. Cuando se recortan las becas del CONICET o se asfixia presupuestariamente a universidades dedicadas al desarrollo tecnológico, se está truncando el destino de miles de científicos y empujándolos a la renuncia o al exilio. Es imperdonable que, en lugar de potenciar nuestras capacidades soberanas, el gobierno nacional invoque el ajuste para dilapidar el esfuerzo colectivo de generaciones.
El modelo que pregona el gobierno nacional no está pensado para el desarrollo productivo, sino para la «timba» especulativa, el saqueo de los recursos naturales y la precarización sistemática del trabajo argentino. Se busca instaurar una sociedad fragmentada, donde cada ciudadano quede desprotegido y librado a su suerte.
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El nuevo escenario geopolítico mundial
Esta destrucción interna resulta aún más grave cuando se analiza el escenario internacional. El mundo está viviendo una transformación geopolítica de una velocidad meteórica, marcando el inicio de una nueva era. Estamos presenciando una reconfiguración de los balances de poder globales, signada por disputas hegemónicas, conflictos bélicos, guerras comerciales y una abierta competencia tecnológica y financiera.
En este contexto, las potencias centrales han abandonado sin ningún pudor los dogmas del libre comercio. Años atrás, si una nación latinoamericana aplicaba medidas de protección a su industria nacional o defendía puestos de trabajo, era acusada de cometer una herejía económica. Hoy observamos cómo las propias potencias implementan paquetes proteccionistas para relocalizar cadenas industriales y resguardar su empleo genuino. La política industrial y la defensa de las ramas productivas estratégicas han vuelto al centro de la agenda global por razones de seguridad nacional y soberanía.
Frente a esta situación, la Argentina no puede quedar reducida al rol de mera proveedora de materias primas. Las preguntas estratégicas que debemos formularnos son: ¿de qué van a trabajar nuestros jóvenes?, ¿qué le vamos a vender al mundo?, ¿en qué condiciones nos vamos a insertar en el mercado internacional?
No podemos someter a la Argentina a conflictos bélicos e ideológicos que no nos pertenecen ni someternos unilateralmente a los dictados de potencias extranjeras. La doctrina del general Juan Domingo Perón -expresada en la Tercera Posición, la neutralidad estratégica y el mandato de la integración latinoamericana- cobra hoy más relevancia que nunca. En un mundo multipolar en disputa, la diplomacia argentina debe estar al servicio del interés nacional y del bienestar de su pueblo.
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Transformar la Nación: agregar valor y defender el conocimiento
Nos encontramos en una posición de privilegio si sabemos utilizar inteligentemente nuestras fortalezas. Argentina posee riquezas extraordinarias, desde fuentes energéticas tradicionales hasta minerales de transición tecnológica como el litio. Sin embargo, la posesión de recursos naturales no garantiza el desarrollo si no se resuelve el dilema distributivo central: ¿quién se queda con esa riqueza y para beneficio de quién se explota? Si nuestros bienes comunes quedan en manos de corporaciones transnacionales sin dejar desarrollo local, no servirán para mejorar la vida de nuestra gente.
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El camino hacia la soberanía exige combinar los recursos naturales con trabajo argentino y con el valor agregado que aporta nuestro sistema científico-tecnológico y la universidad pública. Contamos con investigadores reconocidos internacionalmente -del CONICET, el INTA y el INTI-, con capacidades industriales acumuladas y con una tradición de innovación que muchísimos países envidiarían. Destruir ese entramado del conocimiento es un crimen contra el futuro de la Patria.
Nuestra tarea indelegable como dirigentes y militantes del movimiento nacional es organizar la resistencia al saqueo, dar un debate de ideas profundo y abierto, y construir una alternativa política capaz de poner la producción al servicio de las mayorías, devolver la dignidad al trabajo, defender el capital científico y recuperar la soberanía de la Argentina.
Es de esa manera cómo vamos a poder garantizar los dos grandes objetivos indeclinables de nuestra doctrina: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación.
Axel Kicillof
REDACCIÓN ICP © Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Licenciado y doctor en Economía por la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Se graduó con diploma de honor y obtuvo la máxima calificación por su tesis doctoral sobre la obra de John Maynard Keynes. Fue docente e investigador en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
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